El Grupo de Caminatas de Baja Dificulad visitó las Cascadas Dora y Santa Ana

Domingo 15 de Enero – Caminatas de Baja Dificultad (CBD)

Cascada Dora y Santa Ana – Villa La Angostura

 

Este domingo partimos muy temprano hacia las Cascada Dora y Santa Ana.

La mañana se presentaba magnífica bajo un cielo claro, apacible y sin nubes. Luego de atravesar la Aduana Argentina en el Paso Internacional Samoré y a una corta distancia del hito internacional un poco antes de llegar al puente sobre el río Pantojo, iniciamos la travesía por la senda que nos llevaba a ambas cascadas.

Ni bien comenzamos a caminar nos introdujimos en un mágico bosque de lengas cuya belleza matinal era muy particular. El suelo estaba aún muy cubierto de un espeso manto de cenizas tapizado de hojas y un sotobosque incipiente intentando salir adelante.

A medida que fuimos avanzando entraron en escena los coihues gigantescos transformándose el entorno en un bosque mixto combinando una diversidad de arbustos recientes: sotobosque rico en enredaderas, helechos, nalcas, babuceas, canelo, copihue, barberis como el michay, michay chileno, chilco, caña colihue, parrilla, etc.

La protagonista del recorrido fue una encantadora enredadera de flores rojas que se trepaba por los troncos de los añosos coihues. Luego de 40 minutos de caminata llegamos a una bifurcación: hacia la izquierda Cascada Dora y siguiendo la senda hacia adelante, a Santa Ana. Nos dirigimos hacia la primera, y luego de un breve trayecto, quedamos gratamente sorprendidos por la frescura y su gran caudal de agua.

A continuación vadeamos el río Pireco y avanzamos dos horas más por una senda con suaves subidas y bajadas. De a poco nos fue envolviendo el verdor y la intensidad de la selva valdiviana con sus aromas, su espesura, los sonidos de los pájaros, del agua fluyendo y golpeando entre las rocas, el sonido de la brisa entre el follaje.

Ya cerca de la cascada Santa Ana escuchábamos el retumbar de sus aguas contra las rocas anunciando el espectáculo increíble que resultó ser ante nuestra mirada fascinada.

Desde ahí realizamos un descenso suave de unos 400 metros para llegar a la base de la cascada (donde aprovechamos para almorzar), y luego remontamos unos 10 minutos el ascenso a la caverna que se encuentra detrás del salto, producto de la antigua interacción de lava y glaciar. Subimos por un camino lateral entre helechos, musgos y piedras llegando a la cornisa que corre por detrás de la cascada que cae desde la misma a una altura de 40 metros.

Se trata de una formación de basalto que sobresale de la montaña y forma una cavidad que se sostiene por piedras hexagonales perfectamente encastradas entre sí. Detrás de la cascada queda así formada una especie de galería transitable con una vista única e increíble de la cascada y el entorno.

Finalizamos el paseo efectuando nuestra tradicional merienda luego de atravesar la aduana argentina, a la orilla de una bonita laguna. Y en silencio repasando las imágenes extraordinarias de la jornada vividas en el paseo de hoy: Cascada Santa Ana realmente es un “lugar de culto” al que siempre vamos a desear volver.

 

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