G.E.D.A: Una experiencia inolvidable

El G.E.D.A. (Grupo Excursionista de Adultos) fue creado para dar la posibilidad de conocer su zona a los barilochenses que gustan de caminar y ascender cerros como actividad física, conocer lugares asombrosos fuera de los circuitos tradicionales y disfrutar de la montaña en compañía.

El grupo brinda la oportunidad de compenetrarse con la naturaleza, a la que nos acercamos con respeto y cuidado.

A diferencia de las excursiones turísticas en las que se ofrece un servicio al cliente, estas salidas se logran con el trabajo, la colaboración y la solidaridad de todos los integrantes del grupo, sin perder de vista el objetivo de sentir placer en la actividad.

Las caminatas tienen distintos grados de dificultad, desde senderos fáciles por valles hasta picadas con mil metros de desnivel, procurando en todos los casos, llevar un paso accesible para la mayoría de los integrantes.

Listado del Equipo

Para participar de las salidas con el Grupo Excursionista de Adultos hay que ser socio del CAB. Quienes no lo sean podrán hacer la experiencia de una salida y, si es de su agrado, asociarse después. Es fundamental llevar el equipamiento recomendado, y estar en condiciones físicas de hacer caminatas de más de 5 Km. con pendiente y llevando mochila.

Las salidas se realizan desde septiembre a abril/mayo, fines de semana de por medio, en tres categorías(fáciles- medianas- exigentes). Entre todos se cubre el costo de la salida (guía, seguro, aporte solidario y adicionales propios de la salida). El valor se estipula previamente a cada salida.

Los participantes, reunidos en el CAB en el momento de salir, se reparten en los  autos de quienes aportan sus vehículos. Se pauta previamente la suma con la que los pasajeros colaborarán con los conductores por el traslado, según la distancia a recorrer.

Hay una reunión el día jueves, previo a cada salida.

Elementos que no deben faltar en su mochila

EXCURSIÓN DE UN DÍA

Los primeros 8 ítems son obligatorios.

  • Mochila mediana
  • Un silbato
  • Un impermeable plástico (puede ser tipo poncho)
  • Linterna chica, puede ser frontal (probar foco y pilas que funcione)
  • Dos barbijos y antiparras
  • Calzado adecuado para montaña
  • Guantes
  • Agua: al menos un litro en envase que no sea de vidrio
  • Zapatillas de recambio.
  • Comida: frutas, un almuerzo, masitas para la merienda
  • Un bastón de esquí o telescópico
  • Una campera o ánorak, un pail o pullover grueso, guantes, gorro y medias de repuesto
  • Anteojos de sol – gorra con visera para el sol
  • Malla de baño – toalla chica
  • Un jarro plástico o enlozado, chico o mediano (para el mate cocido)
  • Elementos de higiene personal – papel higiénico.
  • Un par de cordones
  • fósforos o encendedor, 1 vela
  • cuchillo chico
  • envainado o cortaplumas
  • curitas o parches Dr Scholl

PARA SALIDAS DE MÁS DE UN DÍA

La base del equipo, es el listado de salidas de un día.

  • Usar mochila grande.
  • Bolsa de dormir
  • Ropa de abrigo y de reserva, de pies a cabeza.
  • Aislante o colchoneta fina liviana (poliuretano).
  • Carpa, sobre-techo o bolsa vivac.
  • Primeros auxilios: vendas, curitas, parches, aspirinas y medicamentos que este tomando.
  • Jarro grande, cubiertos y plato.
  • Comida de emergencia: té, caldos en cubos, café, sopa instantánea, caramelos.
  • Comidas según días de excursión (una comida calienta al día, por lo menos).
  • Bolsas de consorcio dentro de la mochila.
  • Papel higiénico (dentro de una bolsita de nylon).
  • Maquina de fotos, prismáticos, mapas y elementos de orientación.

Balance de la temporada 37°, 2019-2020 de salidas

¡ Qué año más raro! Lo iniciamos como siempre, orgullosos de proclamar a cuatro vientos que EL GEDA VA POR LA 37ª. TEMPORADA.

Arrancamos bien, con la habitual idea de salidas de uno y dos días, sitios nuevos a visitar, contactos nuevos para pedir permisos y retornar a lugares preferidos.

Roni, Nacho y Goldi serían nuestros guías una vez más, y Vito, fotógrafo oficial y mano derecha de la Subcomisión de apoyo.

Como cada año, se inició con la raqueteada, y no una sino dos, ya que esa salida despierta fanáticos. La primeara al Cerro Otto, con su vista increíble y su bosque misterioso de lengas tan añosas. Después del ejercicio, al Berghof, a tomar, comer algo rico y reponerse.

La segunda, un poco más lejos, al Cerro Bayo. Un ex guía del Geda, Darío, nos llevaría a una ruta poco conocida : el Raizal. El día pintaba gris, frío y amenazante de nevada. A elegir raquetas al tono y gusto persol, pero sobretodo, a echarnos encima todos los pertrechos de mal tiempo capas, pilotos, polainas, cubre mochilas y pantalones. Escuchamos a Roni decir su frase célebre : “ estamos probando equipos, por eso es genial que llueva y nieve. Muy coloridos ascendimos por un añoso bosque de coihues, luego lengas, hasta alcanzar la zona de pistas, ya sin árboles. Nevaba con mucho viento, con copos casi horizontales.

Los guías anunciaron, “vamos a almorzar a un refugio”. Pero….era un techo de chapa, una sola pared de chapa y suelo de cemento. Sentados sobre tablas o en pie, almorzamos. Nos amuchamos para darnos calor cual familia de pingüinos emperador en el Polo sur.

Varias estábamos con ganas de ir al baño. Una osada, salió a rodear el edificio y al rato la escuchamos pedir ayuda. Nos imaginamos varias situaciones : no podía bajarse los pantalones, o , no podía sacar el papel higiénico del bolsillo, o había un zorro o un puma asechándola. Pero al ir Roni en su rescate, notó que se había hundido en nieve honda y sin raquetas no podía salir, era como un pantano. O sea, luego fuimos al baño con raquetas puestas.

Seguimos bajando, en una nieve sopa, resbalando a veces. De pronto, en una ladera inclinada Arturo me hizo un tacle para ganarme en el descenso, y rodamos los dos. Me quedó la duda, si su intención fue abrazarme y le dije por lo bajo, hubieras elegido a una chuchi joven del grupo.

Llegamos abajo y ya con más lluvia, por eso a la orden de desraquetearse, siguió la de cada uno a su casa. Nada de mate cosido. Alejandra, la repostera del grupo, mandó a Armando a repartir porciones de su inefable torta de nuez.

Ya iniciado el mejor clima, rumbeamos para el Cerro Estratos, no menos atractivo por su cercanía. Ascenso suave, viendo la huella de históricos incendios y las primeras flores primaverales.

Sorteando nieve rezagada buscábamos un lugar reparado del viento para almorzar, y
Amuchados tras unas rocas, Roni pedía un restaurante con más comodidades, menos rústico. Nos percatamos que faltaba Goldi, que subía con los remolones. Le grité “ Goldi, traé la tablita”, y no era para bajar a un lesionado, sino las de la picada con la que siempre nos sorprende. En minutos, preparó 8 porciones, imitando a los chefs del Bariloche a la carta.

Roni nos apuraba, “bajemos que tengo que volver temprano para planchar”. Lo hicimos iniciando un zigzag, en piloto automático, empujados por el fuerte viento y soñando con el mate cocido.

Esta vez, se preparó en un amplio y calentito salón, y además de budines y galletas, compartimos torta de cumpleaños festejando el de Vito.

Este año, Roni fue exigente con el grupo, y enseguida programó una cumbre de casi 2000 Metros: el Cerro Bella Vista. Partiendo de Colonia Suiza, nos llevarían por otra senda, que en parte se trazó para las Bicicletas. El bosque era hermoso, menos transitado y por eso no protestamos.

Armando vino sin Alejandra, y se apareció con dos morochas atletas, Chela y Zulema. Yo, confieso que estuve un poco celosa.

Al salir del lengal achaparrado, nos encontramos con mucha nieve y paso a paso para no resbalar, llegamos al pedrero del filo. La vista de esta cumbre es increíble, abarcante 360 grados. Algunos siguieron por el filo donde culmina la picada oficial. Luego muchas fotos, donde faltó la parte artística de Vito, teníamos que retornar y bajar por una pendiente con mucha nieve, evitando mojarse la cola, aunque lo más seguro fue hacer culipatin.

Ya abajo, preparamos el mate y el hospitalario Sr.Goye no regaló tortas fritas calentitas y la torta de canela que Alejandra envió con su emisario.

Buscando calorcito y bellas vistas, fuimos por la Ruta 40 hacia el norte, al Cerro Centinela, ubicado en el Cordón Simone. Iniciamos el sendero casi por la margen del Arroyo Huemul, para luego iniciar el ascenso enumerando flores varias y orquídeas.- Llegamos al mirador principal y almorzamos mientras , Roni preparaba la flamante lata de cumbre. Este invierno-, tomo mucha leche Nido previendo todas las cumbres de la temporada.

En tanto, Vito, sacaba de su galera-mochila, banderas para la habitual foto de cumbre: la Del CAB, la del GEDA, la Argentina. Alguien tomó esta última y corria por la cumbre sintiéndose representante del País en la Olimpíadas. Roni hizo formar al grupo y nos retaba: ¡pongan cara de felicidad, no salgan serios, con cara de sufrimiento! Para tentarnos hacia payasadas, como equilibrio en un pie. El viento fuerte nos hacía tambalear y Vito le gritaba “apunta nada más que cien chinos hacen el resto” (aludiendo a la moderna máquina de fotos china).

Luego del almuerzo descendimos con viento, sol y llovizna. Mientras preparábamos el mate cosido, notábamos muy inquieto a Roni: iba y venía de la ruta. Tenía contratado a un halcón peregrino que vive en ese sector. La espera dio frutos, todos pudimos verlo volar cerca.

Aprovechando contactos nuevos, se organizó salida de dos días a una estancia al pie del Cerro Millaqueo, el cual se subiría por primera vez. Un barquito llevó al grupo y los peones acercaron los bártulos al sitio de acampe.. Se inició el ascenso al Cerro más conocido como el perfil del indio dormido y se caminó por sus pómulos y nariz. Mientras abajo, se preparaban unos corderos en cruz para la cena grupal.

El domingo caminatas cortas reconociendo esa zona tan poco frecuentada.

Acercándose ya la Navidad, que mejor que organizar otro fin de semana y nada menos
Que a Pampa Linda, al camping del CAB. Fuimos lento, sin apuro, parando en miradores donde pude cumplir mi rol de Guía de turismo.

Al llegar, armamos las carpas coloridas. Aguardábamos a Armando, quien traería todos los Insumos para la cena y festejo de casi Navidad. Apenas llegó, sin Alejandra, organizamos cadena humana para bajar frutas, verduras, sidras, ensaladeras y caja de enseres para cocinar. Al rato, vimos que Armando palidecía y con cara de yo no fui exclamó: saben, no me cargaron los chorizos. Allí, fueron varios los que empalidecieron, sobretodo los que detestan la comida vegetariana y se imaginaban cenando ensalada.

Pero, parece que Dios es socio del CAB y vitalicio del GEDA. Corrí al hotel vecino y a la Cocina del camping y…..MILAGRO, tenían en el freezer, una bolsa con chorizos y una tapa de asado para vendernos.

Luego del almuerzo fuimos al Ventisquero negro, que ese día estaba avaro y apenas
nos premió con uno o dos truenos. Yo no pude con mi genio y al no estar Ignacio, nuestro guía geólogo, tuvieron que escuchar mis explicaciones de geología, flora y fauna. Terminamos en la Garganta del diablo con la caminata corta hasta el borde del arroyo Blanco.

Roni decía “vamos a tomar agua del arroyo”. Vi que las mujeres obedientes le hicimos
Caso, pero los hombres, no. Por qué será, que efectos tendrá ??. Solo vimos a Horacio, sumergir sus pies en el agua helada. Las chuchis románticas, miraban el agua correr.

Armando tenía que regresar, y yo también para trabajar el domingo. Supimos luego que la cena salió genial, que después del queso y dulce, siguieron los turrones, pandulce, garrapiñadas, todo regado por muuucha sidra fresquita. Goldi los hizo emocionar con anécdotas de la vida de alguno de los socios más queridos y admirados
del Cab. Roni contó que como todos los años, le pidió a Papá Noel ya no un omón, sino una NIKKON nueva, pero seguro recibiría una camiseta y medias.

El domingo les esperaba la bella caminata a la base el Glaciar Castaño Overa, con esas cascadas gigantes y la vegetación que finalmente se impuso al paso del antiguo glaciar.

También me contaron, y aclaro que de buena fuente, que en vez de mate cosido con galletitas, juntaron todas las “sobras” del festín nocturno, y terminaron brindando con sidra y comiendo mucho dulce de batata y membrillo, a tal punto que tuvieron que huir perseguidos por las chaquetas amarillas que aman el dulce.

Para inaugurar el 2020, elegimos otro fin de semana, pero esta vez más al sur. Al Cajón del río Azul, en El Bolsón. Hacía años que no íbamos, y grande fue la sorpresa al ver los cambios: estacionamiento organizado, oficina provincial para el trámite de permiso de trekking. Roni había llevado un listado con copia, prolijo, pero….
no servía. Tuvo que hacer a mano, un registro detallando uno a uno. Nosotros parecíamos caballos pura sangre frente a la gatera. Prontos a largar.

Finalmente arrancamos por la única calle de acceso y al bajar al río Azul, otra sorpresa: los viejos y averiados puentes colgantes, eran ahora sólidos y de metal. El sendero se parecía a la calle Mitre un sábado a las 19 horas. Cientos de personas que iban o venían, sin equipo de montaña, a veces con radios o cervezas. Esquivamos
caballos, cuatriciclos de refugieros.

Luego de varias horas llegamos a la orilla del río, paramos en la playa de guijarros y empezaba a lloviznar. Allí organizamos quien seguía hasta el Cajón. Continuamos de prisa hasta llegar al refugio y alcanzar el cajón profundo. Por estrecho senderito lo bordeamos maravillados por el color del río, que corre muy abajo.

Regresamos casi corriendo, almorzamos y a 1000 kilómetros por hora regresamos, saviendo de la agotadora subida final hasta los autos. Al llegar, era tarde para el mate cocido, y Valentina descubrió que en la proveeduría había cerveza artesanal. Los que no manejábamos, probamos la rubia, la Ipa y la roja, con tortas fritas, budines o pasta frola. Roni gritaba, que buen marido que soy, Nati me pidió huevos y yo le llevo pan casero.

Y llegó febrero, e hicimos una de las salidas más enriquecedoras de la temporada: volveríamos a pasar dos días en la Comunidad Anecón, en cercanías de la localidad de Clemente Onelli.

Como esta vez no subiríamos al volcán Anecón, salimos a un horario normal y por la
Ruta Nacional 23 todo era disfrute del paisaje estepario, tan rico de colores dorados, formaciones rocosas y fauna a descubrir. Al pasar por Comallo, nos detuvimos para reagruparnos, y nos llamó la atención un edificio nuevo, bajo, pintado de naranja, donde se leía PANADERIA. Como hipnotizados, acudimos en tropel, billetera en mano.

Una joven pareja de venezolanos, amasaba pan y sueños de un porvenir mejor. Compramos varias cosas con nombres extraños, que acompañarían el mate,y hablamos de las arepas plátanos verdes.

Llegamos finalmente a la Escuela 197 donde nos aguardaba Matías Prafil y Casimiro, el  Agente sanitario. Bajamos todo lo que habíamos llevado para las 16 familias del entorno y por eso, armamos 16 bolsos con productos variados que paliarían un poco el aislamiento en que viven.

En eso, vimos a Roni, desarmando un parapente naranja, al que no podía dominar debido al fuerte viento. Al rato descubrimos que solo era su carpa y con ella no podía volar.

Almorzamos al sol, mientras una cabra, que soñaba con ser perro, nos olfateaba buscando ligar algo de comida., pero ni ella ni el gato que rondaba, ligaron algo.

Dejamos todo preparado y Roni nos arengó a salir a recorrer formaciones cercanas
y no tanto. Percibimos que Roni había hecho cursos intensivos: Uno de castellano literario, ya que nos topamos con viento de casi 70 km. por hora, y lo escuchamos decir solemnemente “ tal vez el viento les produzca fastiidio….”

Goldi, deliró con esa palabra y a cada rato decía “qué fastidio el viento, qué fastidio la llovizna”.

El otro curso que hizo fue para adelgazar, y para practicar y aplicarlo, nos hizo caminar
como dos horas con viento en contra para quemar más calorías.

Volvimos a la escuela, en busca del mate y cosas ricas. Fue un grato momento, donde nadie se movía, escuchando el relato de nuestros compañeros, de sus experiencias vividas durante el período militar y la guerra de Malvinas.

Se fue la tarde entre anécdotas y bromas hasta que pronuncié mi frase célebre “ yo voy a amasar el repollo”. Varios querían saber qué era eso y di lección rápida, mientras afuera, a cierta distancia, humeaban dos corderos en cruz. Cuando anunciaron ¡se larga! Corrimos a las mesas y pronto, dos enormes fuentes de cordero y ensaladas, volaban de punta a punta del salón.

Goldi, que no puede con su genio, dijo haber traido para invitarnos, unos especímenes de arácnidos , sabiendo que Roni es fanático de esas dulces criaturas. Había un arácnido grande y otras pequeñas , no venenosas, A pesar que contó una larga historia de una arañita no consiguió que los pobladores que nos acompañaban,
degustaran.

A los postes, Néstor, sacó un pendrive de la galera y se largó el bailongo. Como es cordobés, debería decir la bailanta. En la cocina, a media luz y hasta con reflector de laser, bailamos horas, haciendo trencito y Arturo era el más animado invitando a las empleadas de la escuela. A media noche, nos retiramos a las bolsas de dormir porque Roni avisó que 7,30 horas nos despertaría para salir.

Según lo acordado, desayunamos y con Matías, -nacido y criado allí- rumbeamos en
pos del cerro La señal de aproximadamente 1300 metros, Caminamos por lo llano, acompañados por grupos de caballos que nos miraban asombrados . Roni probaba la radio y a Goldi le decía: “ araña, araña, me toma?.

Finalmente subimos al cerro viendo en el sector vizcachas de la sierra o pilquines, y varios cóndores juveniles que nos dieron la bienvenida a la cumbre. Roni, seguía asombrándonos con nuevas palabras: carúncula, escaldado, madurez sexual.

Nos preguntábamos por que le cambiaron el nombre,y Matías nos explicó que hacía
poco se tenía señal de teléfono. Mirando el lejano horizonte y la cordillera, apostábamos a qué distancia estaba el Cerro Tronador.

Matías, atrapó un piche veloz y posó para las cámaras y celulares. Todo el camino de
regreso, hacíamos encuesta: haremos mate, habrá tiempo, el regreso es largo”. Se decidió que nada de mate cosido, pero al arribar, sigilosamente, Horacio preparo uno que todos compartimos, antes de despedirnos de pobladores tan cariñosos, y prometiendo volver pronto.

Ya promediaba el verano y aprovechando el calor, fuimos a pasar el domingo al Lago
Steffen, que con sus aguas tibias invita a pasar un día relajado con caminatas light.

Primera parada infaltable, el Mirador de la Laguna Huala hue, siempre cambiante con
ese marco increíble de bosques, montañas y lagos lejanos.

Al bajar hasta la costa e ingresar al camping, teníamos reservado para el Geda, un
amplio sector VIP, menos poblado por visitantes.

Como íbamos por un día, no teníamos que armar carpas y salimos a caminar. Vito estaba mimoso, ya que vino con su señora Ani y los veíamos de la mano por la orilla.-
Notábamos el sufrimiento de Roni al ver gomones de colores y marcas diversas. Seguía soñando con comprar uno grande, bien grande, como para llevar a 25 o 30 gedianos a visitar rincones inalcanzables.

Llegamos hasta la embocadura del Río Manso, que busca incansable, su salida al
Océano Pacifico. Luego atravesamos bosque de radales y retamos hacia el inicio de la senda hacia la Cascada Gia -voco, o agua del arriero. En un rincón nos esperaba, ruidosa, con paredes de helechos y aljabas.

No hizo falta que Roni nos apurara, volvimos pronto ya que nos aguardaba el asado, choriceada y morcillas. Cuando la parrilla humeaba y perfumaba el entorno se escuchó que alguien preguntaba: “Roni, donde compraste los chorizos tan buenos, en Onelli??? Comimos hasta que la parrilla quedó casi vacía y ordenamos todo rapidito y a coro gritamos…….¡a la playa, a la playa! Y alli marchamos como zombis hasta una costa con arena y sol.

Ana, la sirena del grupo, siempre es la primera valiente en probar la temperatura del agua.

Al rato la vimos dando lecciones de plancha a Mariana. Al rato, Goldi, pito en mano –ojo, del que figura en el listado del Geda,- nos convocaba a formar una ronda redonda en el agua, que al final salió medio ovalada. A algunos le daba consignas del juego, que nadie entendía: elijan un animal que luego se lo decís al que está a la derecha……..

Finalmente, alguien dijo PATO y la mitad fuimos empujados sentándonos en el agua.
Roni reclamaba “ me ensuciaron, tengo palitos por todos lados” y yo traté de imaginarme donde los tenía.

Muy a nuestro pesar, dejamos la playa para volver a preparar el mate ya que Roni nos
Invitaba al “all inclusive” y yo agregué ¡vamos, que hay dos tazas de mate al precio de una!!.

Pero la verdadera aventura la vivimos al regreso, ya que a la altura del Lago Madcardi,
el tránsito de la Ruta 40 se paralizó, apenas avanzábamos metros por hora. Lo peor era la incertidumbre, y no conseguíamos datos certeros. Mucha charla en cada coche, las galletitas que sobraron y mate o solo agua. Finalmente, algunos llegamos a casa a medianoche.

Apenas dos semanas después, sintiéndonos un poco turistas, varios vehículos 4 X 4 subieron al grupo hasta el Refugio encantado, para hacer un ascenso al Pico Magnat, uno de los promontorios del Imponente Cerro López. Senderos nuevos, un resto de nieve con cuevas a medio derretir. Almuerzo gozando de una de las vistas más abarcantes de Oeste a Este. No faltó la habitual visita de cóndores curiosos y la foto de cumbre.

Y, cuando el grupo de apoyo y Roni pensaban en la próxima salida……estalló la pandemia, palabra nueva para muchos. Y Parques Nacionales cerró todos los senderos del Parque, y nos llenaron de recomendaciones, de limitaciones, de temores bien fundados y de cuarentenas largas.

Y nos quedamos sin las esperadas salidas de otoño, y sin fiesta de fin de temporada.
Pero nos quedó mucho, pero mucho tiempo libre para ver y ordenar las fotos, para ordenar el equipo hasta la primavera. Y, comenzamos a extrañarnos y a buscar teléfonos para estar conectados y saber cómo lo sobrellevábamos.

Pero el Geda es fuerte, incansable, soñador, y como el cóndor andino, esperará en su
cueva que amaine la tormenta, para levantar vuelo otra vez y recorrer en libertad las tierras patagónicas.

Por Liliana Schiavo

Galería salidas del G.E.D.A