El grupo de Caminatas de Baja Dificultad visitó el Frey

CAMINATAS DE BAJA DIFICULTAD
SABADO 22 Y DOMINGO 23 DE ABRIL
Fin de semana en el Refugio Frey.

Este fin de semana partimos desde la base del Cerro Catedral por la picada que va hacia el Refugio Frey el cual se encuentra ubicado a 1700 metros de altura, rodeado por torres y agujas rocosas, paraíso de escaladores, y a orillas de las verdes y frías aguas de la laguna Toncek. El desnivel a superar fue de 700 m y el primer tramo consistió en caminar por la ladera este del Cerro Catedral.
Iniciamos la jornada con una temperatura muy fresca casi invernal, pero bajo un sol radiante que lentamente fue entibiando el aire.
Al llegar al final de ese recorrido nos topamos con el sendero que ascendía desde Villa Los Coihues y a partir de allí nos introdujimos en dirección oeste dentro de un bosque de lengas pintado de espléndidos colores rojizos, pasteles y dorados.
A orillas del Arroyo Van Titter almorzamos buscando la tibieza de los rayos del sol que se colaban a través el frondoso follaje otoñal de los árboles. Luego retomamos la senda cubierta de hojas amarillas que imprimían una cálida sensación al caminar sobre ellas.
Nos sorprendió la variedad de hongos y unas flores de Amancay trasnochadas a nuestro paso. También el delicioso aroma dulzón y húmedo que dejaron las últimas lluvias sobre el bosque, así como la brisa fría que se fue entibiando a lo largo de la jornada.
Mansamente la senda fue dejando atrás el bosque de lengas dando paso a la presencia de ñires coloreados de tonos rojizos y ambarinos, manifestando ya signos del paisaje alto andino. Este fue el comienzo de nuestro tramo final y gran desafío que consistió en poco menos de 2 km de ascenso hasta nuestro objetivo.
Al llegar al refugio nos invadió una sensación de alegría ante tanta belleza: la espléndida imagen de esas torres y agujas recortándose contra el cielo de la tarde y reflejadas en el espejo del agua de la laguna Toncek, era un espectáculo que ya algunos conocíamos y que nos volvía sorprender una y otra vez.
La merienda en torno al mate y al delicioso aroma del té, acompañado de budines, galletas y tortas una vez dentro del refugio, el paseo al atardecer alrededor de la laguna, la picada previa a la cena con aceitunas, salamín y papas, la exquisita cena servida por los refugieros y su cordial atención durante esta jornada de fin de semana, fueron el broche de oro de una salida increíble.
Agradecemos especialmente a Flor, a Sol y al resto de las personas que atienden en el Refugio quienes contribuyeron con su amable atención a que esta jornada haya sido otro momento inolvidable más en nuestras vidas.

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