En mayo de 2026, un grupo de 13 socios del Club Andino Bariloche emprendió una nueva aventura de CAB Viaja con destino a la Cordillera Blanca, Perú, una de las cadenas montañosas más espectaculares del continente.
La propuesta fue coordinada por Camila Chamizo (Guía de Montaña AAGM-UIMLA), quien desde hace años forma parte del equipo de trabajo de las Escuelas Juveniles de Esquí y Montaña del club. En esta oportunidad, la invitación estuvo dirigida a socios adultos con ganas de compartir una experiencia de trekking en altura, conocer una nueva cultura de montaña y desafiarse físicamente en un entorno único.

La expedición comenzó con dos caminatas de aclimatación a las lagunas Wilcacocha y Churup. Fueron jornadas ideales para adaptarse progresivamente a la altura, recorrer senderos andinos y comenzar a descubrir las imponentes vistas de los nevados de la Cordillera Blanca. A más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, el grupo pudo poner a prueba sus sensaciones en altura mientras disfrutaba de lagunas glaciares y paisajes difíciles de olvidar.

El objetivo principal del viaje fue completar el clásico Trekking Santa Cruz, una travesía de cuatro días considerada entre las más bellas de Sudamérica. Durante el recorrido, el grupo atravesó extensos valles glaciarios, caminó junto a lagunas de aguas turquesas, compartió el sendero con arrieros y comunidades locales, y vivió el ritmo pausado que imponen la altura y la montaña.

Uno de los momentos más memorables fue la visita a la laguna Arhuaycocha, rodeada por algunas de las montañas más emblemáticas de la región. Días después llegaría el gran desafío físico de la travesía: el ascenso al paso Punta Unión, a 4.750 metros de altura. Desde allí, la inmensidad de los valles y las cumbres nevadas ofreció una recompensa difícil de describir con palabras.

Como ocurre en toda expedición, el viaje también estuvo lleno de pequeñas historias que terminaron convirtiéndose en parte de la experiencia colectiva: encuentros inesperados con montañistas de distintas partes del mundo, anécdotas con guías, arrieros y cocineros, alguna que otra descompostura, una mordida de perro que obligó a reorganizar los planes antes de comenzar, y muchas risas compartidas durante las largas jornadas de caminata.
Más allá de los números —58,8 kilómetros recorridos, 2.825 metros de desnivel positivo acumulado y más de 26 horas de marcha—, lo más valioso fue la construcción de grupo. Durante una semana, personas con historias, edades y experiencias diferentes compartieron el esfuerzo, los desafíos de la altura, la convivencia en los campamentos y la emoción de alcanzar juntos cada objetivo.
La travesía concluyó con el regreso a Huaraz atravesando el paso Portachuelo, desde donde el grupo pudo despedirse de la Cordillera Blanca contemplando algunos de sus gigantes más famosos, entre ellos los nevados Huascarán y Pisco.
Experiencias como esta reflejan el espíritu que impulsa a CAB Viaja: generar oportunidades para que los socios sigan explorando la montaña, ampliando horizontes y construyendo comunidad a través de aventuras compartidas. Porque muchas veces los paisajes son la excusa; lo que realmente permanece son los vínculos, los aprendizajes y los recuerdos que vuelven con nosotros a casa.


