Comenzamos la caminata con un colchón de nubes sobre el cielo, el viento calmado y la temperatura amable para caminar.
Caminamos entre las piedras de la costa del lago, encontrando tesoros, plumas, piedras lindas, y las charlas se encontraban encendidas. Disfrutamos ver patos y el lago como espejo.
Se le dio vida a un integrante más que nos acompañó toda la caminata. Lo apodaron «Milaneso», un abrojo grande con su decoración de pluma rallada.

Antes de entrar al bosque hicimos una parada de hidratación y picoteo. Se explicó sobre el uso de las radios VHF, su importancia y función. Se propuso que practiquen usarlas: quien iba adelante en función de «guía» llevaba una radio, y el «cerrador del grupo», otra radio. Así fueron rotando y comunicándose/jugando con las radios. Eso los mantenía muy entretenidos; además, se vio el respeto por lo que se decía y se pedía por radio.

Disfrutamos del bosque húmedo con sus subidas y bajadas, visualizamos hongos y cruzamos muchos arroyitos por troncos haciendo equilibrio.
Nos detuvimos a visualizar un hermoso martín pescador.
En la costa, antes de vadear el Van Titter, a los rayitos tímidos del sol, realizamos la parada para almorzar.
Luego encontramos un árbol caído por el cual, con mucho cuidado, fuimos cruzando uno a uno el Van Titter. Algunos con más vértigo y otros más confiados, pero cuidándonos y atentos a todos los integrantes del grupo.
Llegamos a Playa Muñoz, donde hicimos un descanso cortito antes del ascenso.
Luego, ya con cansancio acumulado, fuimos retornando entre charlas, juegos y comunicaciones por la radio.
Realizamos una merienda en el arroyo La Menta, trueque y compartir alfajores, budín, mantecol… Descansamos un ratito también; el dolor de pies y el cansancio de piernas se sentían.
Llegamos al encuentro con las familias, con ansias de volver a casa para descansar. ¡Fueron 14 km con 371 metros de desnivel, todos unos grandes montañistas


