Durante tres días, viví una experiencia increíble en la montaña junto a un grupo de 10 personas. Éramos 6 participantes del curso, 2 acompañantes de la comisión de montañismo y 2 guías. Partimos desde la estancia de Joe, donde nos trasladaron en lancha hasta el inicio del sendero, en la zona del Lago Escondido y el Cerro Ventisquero. Aunque la mañana era fría, todo se sentía perfecto: escuchamos el río, observamos el lago, y Jochu y Pedro nos enseñaron a identificar árboles y plantas dependiendo de la altura donde nos encontrábamos, lo que nos permitió identificar referencias del terreno. El desafío, llegar hasta la zona de campamento sin GPS ni track, solo con lo que habíamos analizado en las charlas previas y las referencias que los guías nos brindaron. Nos separamos en dos grupos y comenzamos la caminata.

Ese día caminamos entre coihues altísimos, lengas, hongos esparcidos por el suelo y, poco a poco, pasamos a un tramo de nieve cada vez más profundo. Incluso, tuvimos que “jabalinear” entre ramas y cañas de colihue, saltando troncos caídos, hasta reencontrar la senda. Armamos el campamento en el mallín, sobre la nieve. Esa noche, el frío fue tan intenso que las botellas se congelaron dentro de la carpa, y ponernos las botas al día siguiente fue la mayor odisea.

Finalmente, partimos cerca de las 9:30, rumbo a la cima del Cerro Ventisquero. Antes de partir, repasamos la ruta con los guías, evaluando las opciones. Comenzamos la subida por un primer collado, y en poco tiempo alcanzamos un mirador donde pudimos ver un manto de nubes cubriendo la zona del Manso. Desde ahí, el paisaje era de película, y seguimos avanzando por un filo nevado, entre lengas y nieve, abriendo huella lento pero sin pausa. Dividimos otra vez el grupo: unos tomaron una canaleta, y nosotros seguimos faldeando el cerro desde un poco más arriba, hasta encontrarnos. Nos pusimos los crampones, enfrentando la nieve con hielo por debajo. Luego de un rato ya el hambre se hacía sentir, así que cuando alcanzamos un llano no quedó otra alternativa más que almorzar y debatir el mejor camino hacia la cumbre. Aunque no llegamos a la cima exacta, quedamos unos 10 m aprox. más abajo, ya que la última parte era una escalada obligatoria que estaba un poco expuesta. Disfrutamos de una vista panorámica increíble del Cerro Tronador, López, Catedral y de los volcanes Osorno, Puntiagudo, entre otros, todo en un círculo de 360 grados, envuelto en nubes altas que permitían una vista muy extensa. Luego de un par de fotos que no le harían justicia a semejante lugar, volvimos hasta la zona del campamento.

La noche no fue tan fría y ya sabíamos que la lluvia venía temprano, porque el pronóstico lo anticipaba, así que por la mañana temprano y con lluvia desarmamos el campamento con calma y comenzamos la caminata hacia la costa del lago. Con esfuerzo, completamos un trayecto de unos 6 km, más exigente de lo pensado, pero con mucha satisfacción. Al final, el curso superó todas mis expectativas: fue un ambiente invernal, desafiante, lleno de aprendizaje. Quiero agradecer a Jochu y a Pedro por guiarnos y por sus conocimientos transmitidos, y a Fernando y a Alcides por compartir su experiencia y por haber hecho posible la organización de este curso.


